Los bebés lactantes y los niños de 0 a 3 años son los principales grupos de riesgo cuando hablamos de deshidratación. El verano es una época propicia para que esto suceda. Cuanta menor edad tengan los niños, más alto es el riesgo.
La diarrea aguda es una alteración en el número de deposiciones diarias, siendo éstas más líquidas o blandas. Es una afección habitual en los niños. Debemos estar especialmente atentos a la deshidratación, una consecuencia peligrosa. Siguiendo una sencilla dieta e hidratando correctamente a los pequeños, en pocos días lograrán volver a la normalidad.
Cuando nos exponemos a fuertes calores, corremos el riesgo de sufrir deshidratación, insolación, golpes de calor, agotamiento, dermatitis, edemas por lo pueden aparecen síntomas como calambres, agotamiento, dolores de cabeza, náuseas, piel caliente y roja, somnolencia, etc.
Una exposición adecuada al sol, favorece la síntesis de vitamina D y nos hace sentir más alegres. Pero un exceso puede poner en peligro nuestra salud.
La deshidratación de la epidermis es una cuestión que suelen plantearse con más seriedad en las mujeres que empiezan a pasar la frontera de los 30 años de edad.
Después del verano la piel necesita una hidratación especial, ya que se ha visto expuesta al efecto nocivo de los agentes externos como en ninguna otra época del Año. Un tratamiento de choque que hidrate, reafirme, y nutra ayudará a prolongar el bronceado.